lunes, 19 de septiembre de 2016

Nadie Sabe

  Hola. Soy una especie de nihilista optimista que durante su afortunada estadía en una facultad de artes se volvió un amante de las particularidades. Luego de haber pasado mi adolescencia haciendo generalizaciones absurdas en las cuales encerraba en la misma bolsa a todas las personas de las llanuras y las montañas y las nieves y los continentes y los siglos, hoy creo que no existe en todo el universo dos partículas que sean iguales: cada una tiene su pequeña carga eléctrica propia, cada una tiene su larga historia única detrás, cada una se extiende en su propio pedacito de espacio y de tiempo (o sólo espacio, no sé). Creo que esta canción habla un poco de eso. Incluso ideas que parecen idénticas, son distintas, porque están en dos cerebros distintos, que han transitado dos vidas diferentes, y que nunca podrán reproducirse, nunca podrán copiarse; todo lo que es, es una vez, y se pierde, para siempre, para nunca más; todo lo que es, es una vez, se gana en ese instante, y ya.
  Nadie sabe lo que corre en tu mente, ni en la mía, y por eso el mundo es nuestro. Nadie puede hablar por nosotros. Nadie puede hablar. La verdad está ahí, se siente. No la insultemos con palabras.
  Muchas gracias por mirar, escuchar y leer.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Experimentar

La única manera
en que puedo reducir el sufrimiento
en este mundo,
es si me atrevo y experimento.

Han de negar el cambio,
han de negar la transformación
y han de negar las renovaciones,
pero si a este mundo lo dominan las ideas,
¿cómo deshacerse de las obsoletas,
de las perjuidiciales y violentas,
si no vamos en busca de las nuevas
capaces de reemplazarlas?

El más absurdo y cobarde
de todos los escapes
es el de quedarse
siempre en el mismo sitio,
no dar un paso, no arriesgarse,
no cuestionar y no experimentar.

[Noviembre 2015]

domingo, 11 de septiembre de 2016

Encomio a la Gimnasia

  Hola.
  Cada cuatro años, como les pasa a muchos seres humanos, caigo en la trampa de los Juegos Olímpicos. Es difícil encontrar cotidianamente una carrera de cien metros, una competencia de salto alto, o una lucha de esgrima justo cuando me tomo cinco minutos para descansar viendo televisión. Sin embargo, durante los Juegos Olímpicos tengo dos o tres semanas de 18 horas diaras en las que seguro, encienda la tele a la hora que encienda, voy a encontrar alguna de esas disciplinas que nunca puedo ver. Dos de las disciplinas que más me fascinan son la Gimnasia Artística y la Rítmica. Las cosas que hace el cuerpo humano, y encima sobre una barra de 10cm de ancho, o colgado de dos anillos, o con una pelota o un aro. Para mí, un claro ejemplo de lo que pueden lograr nuestros cuerpos y nuestras mentes si nos dedicamos en serio a algo. Qué genial sería que toda persona pueda, dentro de su disciplina, contorsionarse y dar vueltas en el aire y pararse de manos y dar saltos mortales y hacer caídas perfectas y todo. Porque ya sea que toquemos un instrumento musical, cocinemos tortas, escribamos poemas, hagamos manualidades, cuidemos un hijo, rellenemos formularios, vendamos pizas y panchos, investiguemos qué sucede con las células en gravedad cero, o sólo demos un paseo por la ciudad o por el campo, pienso que hay formas maravillosas de hacerlo, pero necesitamos dedicarnos a eso, a perfeccionar nuestra manera de hacer las cosas, no para que quede lindo y un jurado nos dé 15.000 o 16.000 puntos, como en la Gimnasia Olímpica, sino para poder perfeccionarnos a nosotros mismos como personas. Si nosotros nos hacemos más lindos, automáticamente el mundo entero será un poquito más bello, y le daremos más ganas de existir a todos los que recién llegan y a los que ya están desde hace rato.
  Supongo que en las idas y reversas del video se ve claramente mi fascinación por los movimientos y las flexiones y formas que puede lograr el cuerpo humano, tan equilibradamente, tan medidamente. En las rutinas en vivo todo pasa muy rápido, y en el editor de video puedo sentarme a disfrutar todo una y otra vez, a mayor o menor velocidad, e incluso con colores y texturas diferentes. Increíble todo lo que hay en sólo 10 segundos de rutina.
  La gimnasta del video es Danielle Prince, durante el Campeonato Australiano de Gimansia de 2016.
La música es de Frédéric Chopin: Prelude, opus 28, n.4 en Mi menor. El piano y la ligereza e inteligencia de los dedos me pareció muy apropiada para acompañar las imágenes y echarles encima esa solemnidad que puede otorgar un instrumento tan clásico.
  Muchas gracias por ver, escuchar y leer.

  Parafraseando a mi compañero de Objetual, Guardianelli, está bueno buscar y encontrar formas épicas de experimentar tanto la vida como la muerte.

  Gracias a los canales:
  Gymnastics Australia - https://www.youtube.com/user/ausgymnastics
  Smalin - https://www.youtube.com/user/smalin

 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Romántico empedernido

  No podía evitarlo, era un romántico empedernido. La dulzura se le rebalsaba al andar; tanto así que era usual ver un montón de hormigas amontonándose en sus huellas en medio de las plazas, o algún perro callejero lamiendo el paso que dejó en la vereda. Así era él, le brotaba por los poros; de lejos ya se le podía sentir el olor a arroz con leche con vainilla. Era así. Podía conquistar a cualquiera, podía poner en acción las glándulas salivales tanto de homínidos hembras como machos, pero todos sus dones siempre los volcaba en el mismo afortunado recipiente: Norma. Era ella quien tenía el monopolio total de los talentos y las capacidades románticas de él.
  Era un romántico empedernido, y Norma era su bienaventurado amor. Tanto era así que cada vez que iban a la plaza central de la ciudad, él se cruzaba la avenida 25 de Mayo y compraba tres super-panchos (que de panchos tenían el pan y la salchicha, y hasta el día de hoy la AFIP investiga la incierta y probablemente ilegal categoría de “super”), dos para ella y otro para él. Así era siempre, desde que comenzaron a salir. Y cada vez que ella se enchastraba uno de sus hoyuelos o su mejilla (algunas tardes fervorosas, incluso se embarraba la frente y parte del flequillo) con mayonesa, él lo retiraba de manera delicada con la lengua, asegurándose de que su saliva limpiase adecuadamente la dermis de su doncella. Con halagos silenciosos y físicos como ese, había logrado abatirla a sus largos pies.
  Pero él no lo hacía por conveniencia, no era chamuyo, no usaba aquellas cosas como trucos; él era así, romántico empedernido, nada más. Por eso cada vez que ella se ponía triste (debido a alguna causa que no había sido provocada por él, por supuesto, porque él nunca le generaba malestar, era incapaz de algo así), le compraba un kilo de helado, y le pedía al empleado de Luigi que arriba le pusiera salsa de caramelo de frutilla, y luego le preguntaba si no podía echarle un poco más, que era una ocasión especial, y después le insistía una tercera vez, y el empleado accedía, no podía resistirse a aquellos ojos miel; luego llegaba a su casa con el postre, y aunque ella le insistía en que la ayudase a terminarlo, él se negaba, y se quedaba hasta que, entre arcada y arcada, finalmente Norma tragaba la última cucharada, y le daba un abrazo (a veces, al juntar sus panzas, ella sentía que el helado se le filtraría por el ombligo y entraría a su novio por el suyo).
  Pero tampoco había razones demasiado particulares para alabarlo por todo aquello. Él era así, estaba en sus genes. Había nacido romántico empedernido y así moriría. No podía evitarlo ni él ni nadie. Por eso cuando Norma le pedía un beso, a él se le perdía la lengua en su laringe, y si alguno de sus amigos interpretaba de manera errónea la situación, luego se tomaba el tiempo de explicárselo: “es que si sigo practicando, algún día podré llegar más allá de su esófago, a su corazón, y darle el beso perfecto, literalmente en el centro de su ser”.

[Julio 2016]

sábado, 3 de septiembre de 2016

Shallow Love

  Hola.
  Una tercera canción de la señorita británica Aplin. Otra del grupito que me gustó de su último disco, "Light up in the dark".
  Respecto al video, pues, una toma fija de modesto charquito bajo un árbol cítrico. No me acuerdo cuándo lo filmé. No me acuerdo la lluvia de qué mes fue. Pero bueno, "amor poco profundo", chaco, me pareció que pegaba. Después le di ese aspecto monocromático para hacerlo más suave a la vista. En fin...
  Si alguien encuentra los errores que seguramente tiene mi amateur traducción, por favor, no cometa la nada altruista estupidez de comentar simplemente "qué asco de traducción" o "eso tiene errores"; en su lugar, diga que la traducción está mal, y luego comente las correcciones necesarias, por favor. Ayudémonos entre nosotros.

Gabrielle Aplin:
https://www.youtube.com/channel/UCNWusKbBheusw-yvZ9kn1Ig
http://gabrielleaplin.co.uk/ 


miércoles, 31 de agosto de 2016

El silencio de los libros

  Me he trepado a rocas que son más altas que mi cabeza, para desde allí gritar con esa necedad que algunos autocomplacientes llaman convicción, cuando era más apropiado utilizar aquellas porciones de planeta para resguardarme en su sombra, para oír su sólido y mudo consejo, porque quien te escucha y te responde sabe menos que quien sólo te escucha. Y otras veces he lanzado mi dedo para decapitar las inocencias de mi prójimo, como si hubiese estado en ese lugar, en ese momento, desde el vientre de su madre hasta el entierro de su padre, cuando más apropiado era levantar la mano para apoyarla en mi propio tórax, y comprender. Comprender, callar. Callar, no hablar. No hablar, saber que no hay nada que tenga necesidad de ser dicho. Y en otras oportunidades, y también en las mismas, desprestigié al silencio dándole la forma de vocales y de consonantes, como si éstas tuvieran algún sentido intrínseco tras el “alcanzame el pan” o el “servime agua”, cuando lo apropiado hubiera sido obedecer mi origen infante y sólo respirar estando en medio del aire, y sólo reír cuando algo me haga cosquillas, y sólo llorar cuando algo duela. Porque todo lo que no es verdad es una mentira, más o menos perjudicial, más o menos simpática, pero mentira al fin, y no sé si está en mis genes o sólo en mi educación cultural, pero hay algo en la mentira que me deja disconforme. Y para hablar, hace falta creer en la mentira, en la mentira de que un puente es un destino, y no sólo algo que se construyó para llegar al verdadero destino, que permanece intacto tras el precipicio. Así, quien en la endeble mitad del puente crea fervorosamente ya haberlo atravesado, y haya construido ahí los cimientos de su vivienda, descubrirá con lamentos, al llegar la tempestad, que estaba equivocado, pues al deshacerse el puente con el viento, se derrumbará todo lo que ha hecho, y se perderá en el agua.
  La verdad no se escucha ni se ve, y probablemente tampoco se construya: sólo se siente. La verdad es eso que está ahí, en ninguna parte exactamente, cuando el Sol vierte su luz endulzada por el roce de una cipsela, de una pelusa, de una hoja, sobre tus pupilas, y cuando el pasto se escabulle juguetón entre tus dedos, y cuando las estrellas se reacomodan silenciosas en las alturas, y cuando la atmósfera se despereza junto a las ramas y las flores y el polvo, y cuando el paisaje se muestra desnudo, no por debilidad u ofrenda ingenua, sino por amable invitación, reconciliación quizá.
  Por eso, ahora que sé (y por saber me refiero a deducir, que es más o menos como inventar) que lo apropiado es el silencio, es cuando más palabras escribo. No se trata de rebeldía adolescente, sino de juego, y de comprender que un libro es la estratagema más ingeniosa que ha inventado nuestra especie para hablar sin mentir, porque un libro está callado siempre, jamás molesta a nadie, ni le grita: un libro sólo habla cuando el lector le concede la palabra. Lo que diga un libro, es más responsabilidad del lector que del escritor, porque quien fabrica un arma no siempre la dispara, y quien prepara el plato no siempre se lo come. El libro es la tentación silenciosa, la neutralidad inofensiva; es el lector quien inventará y quien construirá todas esas mentiras que el libro por sí mismo no podría haber traído a la existencia.

[4 Agosto 2016]

sábado, 27 de agosto de 2016

Somewhere over the rainbow

  Hola.
  Supongo que para contar cuándo conocí esta canción tengo que remontarme a un tiempo mítico. Es una de esas cosas que parece haber estado en su cabeza desde siempre, que se transmite con los genes y que te obliga a sorprenderte cuando te cruzás con alguien que no lo tiene en su cabeza. ¿Cómo que no conocés esa canción? ¡La del gordo hawaiano! Porque sí, muchas personas creen que la canción es de él, pero en realidad es parte de la banda sonora de "El Mago de Oz" (1939), un clásico de la cinematografía estadounidense. Según wikipedia, la letra fue escrita por Yip Harburg, y Harold Arlen se encargó de la música.
  Pero más allá de su origen, y de lo verdaderamente famosa que es la película, creo que fue Israel Kamakawiwo'ole quien volvió el tema un hit, como dicen, con su ukelele, su respiración pesada, su "uh", y quién sabe, quizá hasta con su temprana muerte. Con él conocí la canción, y como amante de las cosas simples, no podía dejar de maravillarme lo que pueden hacer sólo una voz y cuatro cuerdas. Una letra tierna, melancólica pero con esperanza, y por qué no, también con sabiduría encima.
  Al lado mío, el tipo verde ese, es Yo. Resultado (o simple mensaje trasladado) de los raptos trascendentales del Gringo Pérez. Me pareció que estaba bueno grabar este cover afuera, con los colorcitos esos del amanecer y los coritos de los pájaros.
  Muchas gracias por ver, escuchar y leer...