domingo, 26 de febrero de 2017

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Hola. Aviso que estoy de viaje. Espero que sin pasar hambre ni frío.
Cómo sea, ojalá sepa disculpar la ausencia temporal de publicaciones.
Gracias. Nos vemos pronto.

sábado, 25 de febrero de 2017

Cuando sea grande cover


  Hola. Comparto hoy con ustedes este cover del Cuarteto de Nos. Creo que "Cuando sea grande" es la segunda canción de ellos que escuché, después de que Xiomy me mostrara "Lo Malo de ser Bueno", con las que los conocí. Hoy una de mis bandas favoritas. 
  El video está hecho con fragmentos de publicidades descargadas del archivo prisma. Los invito a darse una vuelta por ahí. Hay muchas cosas interesantes:https://www.youtube.com/channel/UC8_K7bDkWkuPaKkDTDqVyQw 
  Muchas gracias por leer, escuchar y mirar.

lunes, 20 de febrero de 2017

Llueve

Esa luz que salta de gota en gota y llega cansada al árbol del frente, al asfalto de la calle, al techo del vecino.
Círculos que se persiguen entre sí sobre los pequeños lagos que interrumpen las esquinas.
Tibio malhumorado que empuja una hoja, una rama, un paraguas, un flequillo castaño.
Chispazos húmedos sobre lo ya mojado, sobre el oscurecido metal de la ventana, sobre el escudo inmóvil por encima de tu cabeza.
Las ganas de café, de no conversar pero sí de soltar distraídamente en palabras algún pensamiento, algún recuerdo, algún miedo, algún secreto.
Ese desgano de planear tu vida; sólo existir, como la lámpara incandescente que parpadea, como ese grafiti desgastado que se derrumba más rápido que su pared, como ese verde apagado que rodea al cantero.
Tierra mojada.
Plantas bañadas.
Sentir empapado, pesado.
Color domingo.
Sabor a ausenciatotalderesponsabilidades.
Sensación de infancia.
Flash. Una foto que se borra inmediatamente luego de congelar la luz, hace crujir al cielo.
Se despereza el silencio.
En un rincón del balcón las dudas dan tres vueltas antes de acurrucarse y esconder su hocico en el calorcito de su panza.
Siesta.
Pausa.
El mundo sigue girando pero como que lo disimula muy bien. Juego a creerle.
Dibujan con lápiz blanco unas líneas cerca del horizonte, pero las borran enseguida. Igual, algunos nos dimos cuenta.
Más flashes. Todo un álbum se pierde sin que nadie mueva un dedo o una neurona para evitarlo. Y nos seguimos dando cuenta de las líneas blancas que borran, pero las borran igual.
Sabor retazos.
Olor a noséquéhacerynoquierosaberlo.
Nostalgia de gallina.
Se parte el espacio en millones de fragmentos y me mantengo en la burbuja. Sé que todo va a recuperar su unidad, pero un poco más blanco, un poco más verde que antes. Menos yo. Lo que no se parte no se rearma.
Ganas de alguien, de que las cosas no sean como son pero sí de que los tropezones me hagan caer en una rica torta y no en barro podrido.
Desgano de explicar; no se entiende el gris en las pupilas, sino en la parte más profunda de la lengua, y no se entiende la dulzura en los labios, sino en la mejilla que besa un hombro.
Vos.
Algún día que no es ese se cuelga del tendedero y crece, crece, hasta que no se aguanta más y cae.
El reloj sigue moviéndose, pero muy lento, y yo me hago el tonto, el que huele la torta frita del vecino y no se da cuenta.
El cielo cruje otra vez. Se tropieza consigo mismo y cae.
¿Qué culpa tengo yo?

domingo, 19 de febrero de 2017

CITA#2 - Debo partirme en dos, por Silvio Rodríguez

No se crean que es majadería.
Que nadie se levante, aunque me ría.
Hace rato que vengo lidiando con gente
que dicen que yo canto cosas  indecentes. 

Te quiero, mi amor, no me dejes solo.
No puedo estar sin ti, mira que yo lloro. 

¿No ven? Ya soy decente, me fue fácil.
Que el público se agrupe y que me aclame.
Que se acerquen los niños, los amantes del ritmo;
que se queden sentados los intelectuales. 

Debo partirme en dos, debo partirme en dos... 

Unos dicen que aquí, otros dicen que allá,
y yo sólo quiero decir, sólo quiero cantar,
y no importa la suerte que pueda correr una canción. 

Unos dicen que aquí, otros dicen que allá,
y yo sólo quiero decir, sólo quiero cantar, 
y no importa que luego me suspendan la función. 

Yo también canté en tonos menores.
yo también padecí de esos dolores.
yo también parecía cantar como un santo.
yo también repetí en millones de cantos:

"Te quiero, mi amor, no me dejes solo.
No puedo estar sin ti, mira que yo lloro."

Pero me fui enredando en más asuntos y 
aparecieron cosas de este mundo:
 "Fusil contra fusil","La canción de la 
Trova" y "La era pariendo" se puso de moda. 

Debo partirme en dos, debo partirme en dos... 
Unos dicen que aquí, otros dicen que allá,
y yo sólo quiero decir, sólo quiero cantar,
y no importa la suerte que pueda correr una canción. 

Unos dicen que aquí, otros dicen que allá,
y yo sólo quiero decir, sólo quiero cantar, 
y no importa que luego me suspendan la función. 

Yo quería cantar encapuchado y 
después confundirme a vuestro lado,
aunque así no tuviera amigos y citas,
ni algún que otro favor de una chica bonita. 
Pero te quiero, mi amor, no me dejes solo.
No puedo estar sin ti, mira que yo lloro. 

No voy a repetir ese estribillo.
Algunos ojos miran con mal brillo
y estoy temiendo ahora no ser interpretado.
Casi siempre sucede que se piensa algo malo. 

Debo partirme en dos, debo partirme en dos... 
Unos dicen que aquí, otros dicen que allá,
y yo sólo quiero decir, sólo quiero cantar,
y no importa la suerte que pueda correr una canción. 

Unos dicen que aquí, otros dicen que allá,
y yo sólo quiero decir, sólo quiero cantar, 
y no importa que luego me suspendan la función.
Mi función...
  

jueves, 16 de febrero de 2017

Estelita (Leo Dan Cover)

  Hola.
  Otro cover del santiagueño querido Leo Dan. Esta vez, improvisado por Johnny Depp y Unicorniodepanderetaruidosa. Pero sí, con el mismo rasguido de siempre. Clásico.
  Ojalá zafe.
  Gracias por ver, escuchar y leer.

sábado, 11 de febrero de 2017

La gente de Selva Ahumada es toda una infeliz, exceptuando el costilludo ese

Todo el pueblo de Selva Ahumada lo envidiaba. Y eso enfurecía hasta la amenaza de bomba de la vena de la frente del dueño de la cerealera, que pasaba las tardes en el café con su sobrino, preguntándose a cada mordisco de chipá por qué no caía tanta envidia sobre él, si con sus siete silos, sus quince camiones, sus tres casas y sus dos vehículos importados, era el hombre con mayor cantidad de bienes adquiridos. Pero no. No es tan simple. Por eso también se enfurecía la señora Pérez:
¿Cómo puede ser que anhelen ser como ese tipo, y no como yo, joven, esplendorosa, con el cabello más lacio de todo Santiago, y con las pestañas más oscuras de la nación? ¿Por qué no envidian mi cintura, en proporción apolínea con mis caderas, acompañando una cola puesta como la de los dioses? Al pedo hago pilates y power yoga y la dieta esa de la luna, si al final, miran más al viejo costilludo ese que a mí.
Y sí, no había curva de mujer que pudiera contra su cabeza enmarañada. No era una cuestión de proporciones corporales. Y el intendente también se quejaba en las reuniones de concejo. No puede ser que se hable más de su paseo matutino por el pueblo que de las cinco cuadras de asfalto que traje para el Barrio Sur. Es ridículo. Necesito más marketing. Y eso que él no pega ni un solo cartel ni arruina un solo muro.
¿Qué hacía tan especial a esos ciento setenta centímetros de parsimonia santiagueña y chaparrita? No eran sus piernas chuecas ni los trapos viejos con los que solía disimular su desnudez. Tampoco era su voz, a penas más flexible que la de un perro, incapaz de acertar en las frecuencias correctas. No, claro que no. Era su felicidad. En las 43 manzanas del pueblo, era el único tipo feliz. Era comprensible que todos los carilargas del lugar lo admiraran, o lo envidiaran, o las dos cosas al mismo tiempo. Y tantas cosas se decían acerca de él, tanto se especulaba, tan mucho era el cuchicheo, que cualquiera podría pensar que al pobre hombre le costaba conciliarse con su almohada por la noche, o caminar en paz por la vereda a la tarde, o tomarse relajadamente un café en lo de Amarena a la mañana. Pero nada. Caso omiso a todo comentario acerca de su persona. ¿Indiferencia consciente? No lo creo. Le costaba en serio enterarse de las cosas.
¿Ya escuchaste lo nuevo que sacaron?
¿Qué pasó?
Dicen que te masturbá usando aloe vera como lubricante.
¿Aloe vera? ¿Dónde hay eso?
Así pasaba cada semana. Siempre había alguien por ahí asegurando haber encontrado finalmente el secreto del único tipo feliz del lugar. Por ahora, no tengo ni la idea más fraudulenta acerca de qué es lo que inició el chisme del aloe vera, pero una vez una viejita se lo cruzó a la siesta en la plaza, y lo vio abrazando un árbol; al otro día sus nietos amanecieron prendidos al paraíso del frente, y el cura de la localidad, que tres días antes había mandado ilusamente a arrancar la palmera de la iglesia, pidió que la volvieran a colocar, asustado de que no funcionara abrazar árboles caídos. Otra vuelta su vecino lo encontró cocinando afuera, en la vereda, con una olla sobre la parrilla cerca del cordón.
¿Qué hace ahí?
Hace una calor bajo la chapa que no te imaginá.
¿Y ese olor?
Guisoe quinoa. ¿Queré probá?
Los paquetes de quinoa salieron volando del supermercado. Incluso se armó tremendo barullo frente a las estanterías, porque la Tíche, madre de once infelices, quería llevarse las últimas seis unidades, y los clientes alrededor consideraron que era un buen momento para empezar a defender el comunismo. Tuvo que interferir el oficial del pueblo, que de paso, dicen las malas lenguas, y aclaro que a mí no me consta, se metió uno de los paquetes en el bolsillo.
Dicen que ese es tu secreto.
Lo que pasa e que no me quieren escuchá.
Sus compueblerinos le imitaron los pantalones a cuadros, el dibujo con tiza que había improvisado en la puerta de entrada a su casa, su permanente ausencia a la misa –se comenta que el cura fingió estar enfermo un mes para comprobar si funcionaba–, su andar lento como el del extraviado, y algunos hasta se tatuaron la marca de nacimiento que tenía en el hombro. Todos comprobaron que ninguno de esos eran su secreto, y tales decepciones los alejaba un poco más de esa cosa, ¿cómo era? Ah, la felicidad.
Lo que pasa e que no me quieren escuchá.
¿De en serio?
Sí.
Y se lo contó a él, como tantas veces se lo había contado a los demás. Pero era cierto lo que decía: no lo escuchaban. Esa era la única razón por la cual aún no habían descubierto su seudosecreto. Pero él era comprensivo, sabía que muchas veces se admira a alguien –o se dice admirarlo–, y se hace caso omiso a todas sus recomendaciones. Podría citar a la mayoría de quienes se autoproclaman seguidores de Jesús, y aún así lanzan la primera piedra, y dan un golpe en lugar de la otra mejilla, y no perdonan jamás ofensa alguna pese a tener siempre pan en la mesa.
Bueno, dale, decime entonce.
La lisa y llana verdá e que me chupa el huevo izquierdo y la mitá del derecho lo que piense y diga la gente de mí.
Pero el muchacho lo miró con la misma incredulidad del investigador que descubre al culpable en el primer sospechoso entrevistado, después de haber perseguido a otros veintitrés. La técnica era en desmesura simple a comparación de tan gran logro, a comparación de tan escaso bien.
     No. No puede ser. Debe ser lo del aloe vera. Ustestá intentando que no lo probemo no má.

jueves, 9 de febrero de 2017

CITA#1 - Cuento de Literatura no Literaria, por Macedonio Fernández

  En aquel bar, restaurante y confitería bastísimos, abundantes de lo más variado y caprichoso, servía desde veinte años a multitud de clientes renovándose, con una solicitud y presteza incasables, Tomás, una santidad de lo servicial y de cordialidad y simpatía a todo cliente y sus gustos y antojos, que le alegraban siempre y no le irritaban nunca por exigentes y laboriosos de satisfacer y combinar. El
gusto de cada uno, de infinita variedad, todos tan legítimos y con los que somos poco tolerantes a menudo, era su Pasión.
  ¡Podrá creerse que hubo quien a sabiendas marchitó por un momento, hirió y desmayó esta actitud humana tan hermosa, esta real y constante caridad, esta magnífica postura de ser genuinamente Hombre! Ser un humano cual Tomás es ser hoy un inmenso revolucionario, un invitante máximo a la verdadera recuperación humana, ya quizá desesperada en medio de tantos discursos, cataduras,
y aposturas de benevolencia y ciencia, cuando solo se practica servir bombas, mentiras y despojos, en guerra y paz igualmente.
  Hacer, preparar niños que sean hombres como Tomás es el único camino de recuperación, si todavía es posible; el único recurso casi artificioso que, entre tantos planes ostentosos, insinceros, afiebrados,
más o menos ignorantes, puede conducir a esa obra sin la cual no habrá salvación, es forzar las cosas y situaciones a maneras y arreglos que a su vez fuercen a cordialidad en la convivencia.
  El cliente que viene entrando con amigos al Bar es tipo de la desmoralización de la época, no un malvado, pero sí tocado de algún vicio de maldad. Es viejo cliente como sus amigos, clientela
afectuosa con Tomás. Pero quiérese creer que ha llegado para la psicología no muy sólida o clara de Agustín Llanos un momento de serle irritante la felicidad de cumplir pedidos en Tomás, y se ha
propuesto turbarlo, sin consultar a sus amigos, quienes han solido elogiar la constante amabilidad de Tomás.
  -¿Y usted qué pide, don Agustín?
  -Pues me traes una tajada bien tostada de hielo rodeada de garbanzos del puchero de ayer.
 -Pero esto -balbuceó Tomás- no lo sabemos preparar aquí; yo voy a ver, a preguntar, pero no habrá quizá...
  Tomás temblaba, palidecía; se apoyó en una silla; se sentó de golpe y cayó sin vida.

  Sirviendo complacido a todos, gustoso de verlos llegar directamente a las mesas suyas, aunque cansado, asediado de atenciones al fin de la tarde, su sonrisa de bueno, su semblante dirigido a Agustín, recibió la muerte, de este.
  ¿Tiene perdón una torpeza tal, cuando nos asedian los simuladores del Servir en todas las profesiones y actividades, un porciento terrible de simuladores del hacer y del dar, del traer verdad, del intentar el bien?
  ¿No es policial el dolor y muerte de ese hombre tan bueno? Hay sucesos que por su intensidad sentida son policiales, mas les falta la exterioridad violenta.
  Yo quisiera que su publicación en Crónica de Policía hiciera sentir más netamente lo que vale el dolor moral y lo que puede dañar y torturar la torpeza, el descuidar los sentimientos ajenos.
  Como yo debo también consideración a los sentimientos de los otros, aliviaré los del lector declarándole que lo relatado no ocurrió. Pero afirmo que me dolería mucho menos que Tomás hubiera
muerto de un tiro o un accidente; lo que me subleva es esa muerte por desquiciamiento interior, vacío instantáneo de la Ilusión de Servir que daba calor a su vida entera.