viernes, 14 de julio de 2017

CITA#12 - Collages por Federico Hurtado

Avistamiento de niña oligarca estrenando su  descabezador de muñecas, traído desde París. Buenos Aires 1910.

Flete de oligarcas.

Los mecanismos de la sonrisa

Nº25


La incontrolable levedad de los poliedros

Tres modos de saltar un piano y la imposibilidad de atravesar un harmonio

Accidentes en el hogar

Nadie miró pa afuera

Part. III

lunes, 10 de julio de 2017

  Él siempre se iba más temprano, así que se tomaba el tiempo que le sobraba y luego de saborearlo con toda la boca iba por cada rincón de la casa, llenándosela de besos. Entonces, cuando ella abría los ojos, uno saltaba desde el techo y se desarmaba en la punta de su nariz, salpicando sus pómulos y su bigote. Cuando se giraba en la cama para estirarse, aplastaba otro con el hombro, sintiendo lo tibio, y al bajar el segundo pie se le notaba el regocijo en la boca, por el cosquilleo del beso que había quedado esperándole el primer paso en la alfombra. Al llegar al baño se encontraba con que su reflejo había sido interrumpido: el espejo estaba hasta cada esquina de besos: primero se dio el gusto de sentirles el sabor con sus pupilas gustativas, como quien quiere detenerse a fotografiar un paisaje antes de aniquilarlo con su andar y con el del tiempo; luego empezó a retirarlos, de a uno con la boca, de a muchos con el cuello, de a puntillas con los dedos, de a estampida con las mejillas, de a cipselas con las clavículas. Y ahí, entre tanto beso emergió su rostro reiluminado, salvado nuevamente de un nuevamente desolado, de un nuevamente sin besos, de un nuevamente sin niños correteando la mañana.
  Después de lavarse la cara, con mucho cuidado para que los besos no fueran a limpiarse de más (vamos, ¿en serio creés que un poquito de agüita se los va a llevar?), fue a buscar su remera, y cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde: su ombligo estaba lleno de besos, piscina de besos que se rebalsa por todo su vientre, por toda su cuna de noches salvadoras, por toda su playa de encantos fríos. Se retorció sin que su cuerpo se retorciera, se llenó de colores sin que su piel se manchara, se volvió una naranja dulce sin caerse del árbol y sin que nadie la probara. Luego caminó hasta la cocina y sacó una taza de la alacena, y en el movimiento un beso le cayó en la pierna y se deslizó hasta dejarle un caracol en la rodilla. ¿Cómo se prepararía el café, si el frasco estaba lleno de besos? A carcajadas fue devorandoselos y en el fondo encontró una pequeña nota: El café está en la yerba, pero en el frasco de yerba también estaban a tope los besos, y con impaciencia lúdica o con cariño voraz volteó el asunto sobre su cabeza y se empapó de tal manera que al agua le dio vergüenza bañarla y lloverla y salpicarla tantas veces y nunca haberla calado así, nunca haberle perfumado el pelo a labios y a luces saltando cortinas.
  Cuando quiso levantar su mochila, pesaba tanto que sólo pudo estirar la correa, sin despegar la base del sillón. Sabía que sus libros no solían resistírsele de esa manera tan brusca, y ya sonriente se agachó para abrir el cierre, y los besos hojas salieron despedidos y le llenaron de otoño la sala; y los besos mariposa empezaron a espolvorear sus colores por su frente y su pelo y su escote y sus pies y su mesa y su foto de las vacaciones y su reloj se trabó; y los besos olas extendieron la playa por debajo de los sillones y la alfombra se le llenó de arena y los tobillos de pequeños caparazones bordó; y los besos desnudos se sintieron sinnudos y saltaron a su boca y armaron campamento en su lengua y se la volvieron huerto de cúrcumas y mentas y duraznos. Y el tiempo se destrabó y ella salió de casa.
  Subiendo por la Córdoba quedaba su facultad, pero alcanzó a notar que un beso bajaba por la Mendoza, y casi sin culpa lo persiguió. Rodaba por la calle hacia abajo y ella no aguantaba la risa mientras se preguntaba cuánto aguantaría el cansancio. Corría por detrás y cada vez que el beso esquivaba con hazañas los pies de la gente, las ruedas de los autos, las manchas de aceite, los carteles despintados, ella se reía un poco más. Hasta que llegó a un semáforo y se lo trepó con esa facilidad que tienen los besos para trepar cosas, y ella aprovechó el rojo para pararse justo debajo y dejar que le goteé encima, y si un pedacito sufría el desvío del viento en el trayecto, ella estiraba el brazo y lo alcanzaba (salvó uno con el pie también). Y la gente, mientras tanto la gente, la  . No, no la miraba. Y cuando el rojo empezó a parecerle muy rojo a algunos automovilistas, las bocinas comenzaron a sonar, pero ella no escuchó ninguna: ya tenía llenos de besos los oídos.

Junio 2017

sábado, 8 de julio de 2017

CITA#11 - por Agustina Wischnivetzky

¿qué sabrán las cartas
del instante del beso
del temblor en la cercanía?
¿qué sabrán del fuego
de lo que arde de lo que vive
de la canción que estremece?
las cartas tan quietas tan blancas
¿qué podrían saber de una mirada
somnolienta perdida ?
las cartas no son de este mundo reseco
solo atestiguan una nostalgia de domingo
una lluvia en trozos
pero no, nada más pueden saber
solo reflejos de instantes
puestos en un cajón
en un regazo
en un par de manos
las cartas todavía suspiran
mientras el amor
dobla todas las esquinas

(http://agustinawisch.blogspot.com.ar/)

Canciones del 2014

  Sr. Coliflor, ¿por qué sube estas canciones que escribió hace tanto tiempo y hace tan poco talento y que ya no lo representan?
  No sé. La verdad no estoy seguro. Pero "la libertad os hará libres" dijo Jesús.
  Usted sabe que estas 15 canciones son muy malas, ¿no?
  Fue divertido grabarlas. También un poco vergonzoso, la verdad. Así que nada, acá se las dejo. Cuatro atrocidades literaramusicales que parí el 2014 (el año más patético de mi existencia, probablemente, a nivel cotidiano, y por lo que se ve, también a nivel artístico) y que grabé este otoño.
  Gracias y saluditos.
  
  Descarga directa desde Mediafire: aquí.


  

martes, 4 de julio de 2017

CITA#10 - Guitarra y vos, por Jorge Drexler


Que viva la ciencia,
que viva la poesía,
qué viva siento mi lengua
cuando tu lengua está sobre la lengua mía.
El agua está en el barro,
el barro en el ladrillo,
el ladrillo está en la pared
y en la pared tu fotografía.
Es cierto que no hay arte sin emoción
y que no hay precisión sin artesanía,
como tampoco hay guitarras sin tecnología:
Tecnología del nylon para las primas,
tecnología del metal para el clavijero,
la prensa, la gubia y el barniz.
Las herramientas del carpintero,
el cantautor y su computadora,
el pastor y su afeitadora,
el despertador que ya está anunciando la aurora
y en el telescopio se demora la última estrella.

La máquina la hace el hombre
y es lo que el hombre hace con ella:
El arado, la rueda, el molino,
la mesa en que apoyo el vaso de vino,
las curvas de la montaña rusa,
la semicorchea y hasta la semifusa,
el té, los ordenadores y los espejos,
los lentes para ver de cerca y de lejos,
la cucha del perro, la mantequilla,
la yerba, el mate y la bombilla.

Estás conmigo.
Estamos cantando a la sombra de nuestra parra
una canción que dice que
uno sólo conserva lo que no amarra,
y sin tenerte, te tengo a vos
y tengo a mi guitarra.

Hay tantas cosas...
Yo sólo preciso dos:
Mi guitarra y vos.

Hay cines, hay trenes,
hay cacerolas,
hay fórmulas hasta para describir la espiral de una caracola.
Hay más: hay tráfico,
créditos, cláusulas, salas VIP,
hay cápsulas hipnóticas y tomografías computarizadas,
hay condiciones para la constitución de una sociedad limitada,
hay biberones y hay obúses,
hay tabúes, hay besos,
hay hambre, hay sobrepeso,
hay curas de sueño y tisanas,
hay drogas de diseño
y perros adictos a las drogas en las aduanas,
hay manos capaces de fabricar herramientas
con las que se hacen máquinas para hacer ordenadores
que a su vez diseñan máquinas que hacen herramientas
para que las use la mano,
hay escritas infinitas palabras:
Zen,
gol,
bang,
rap,
Dios,
fin.

Hay tantas cosas...
Yo sólo preciso dos:
Mi guitarra y vos.

viernes, 30 de junio de 2017

Acto VIII de una Nohistoria de Amor en 21 Actos

  Y esa vez, como de costumbre, no fue a buscarlo. Vueltera era así, como la chica que te ama pero en lugar de ir a visitarte, a regalarte una tarde, a salvarte las mejillas con un beso, se encierra en casa a mirar por la ventana y tomarse el pecho con la mano izquierda mientras con la derecha escribe una canción acerca de las penas que rebalsa su nimia existencia cuando tu ausencia la envuelve, la zambulle, toda la noche. Claro, ella sigue escribiendo canciones porque así queda más artístico, porque así puede sufrir sin que nadie la moleste, porque así puede hacerse la sensible y la enigmática y la de cicatrices a medio abrir cuando alguna amiga encuentra una entre sus papeles y le pregunta qué es. Ella baja la cabeza y le responde que no importa. Un cliché más, pero tan tierno. Ay, tan tierno. Las convence, las compra, y mientras tanto, vos ahí, ni enterado. Y suena un arpegio en DO, y otro en SOL, y la descarada ni se toma el trabajo de recurrir a un sostenido aunque sea, a un menor, y está con las mismas notas pop de siempre haciéndote los mismos cuatro versos de siempre que cierran una estrofa en los mismos treinta y dos tiempos de siempre. Y vos ahí, ni enterado. Pero claro, ella canta cada vez más despacito, como si al carretel de su voz le fueran quedando pocas vueltas y el hilo anduviera allá, lejos, bien lejos, como vos, como su valentía, y roza las cuerdas con sus yemas endurecidas cada vez más suave, como si a la guitarra le doliera y le fuera pidiendo que lo haga con más cuidado, con más dulzura de madre. La amiga que la escucha queda convencida. Sí, ésta está más enamorada que el corazón de Santiago Aysine, que prefiere la eutanasia a su ausencia. Y vos ahí, ni enterado.


  Pero ojo. Vos tampoco te creas estrella, que también te falta la curiosidad del que quiere enterarse. Boludo.

jueves, 29 de junio de 2017

CITA#9 - Si te vas, por Extremoduro



Se le nota en la voz, por dentro es de colores, 
y le sobra el valor que le falta a mis noches: 
y se juega la vida siempre en causas perdidas. 

Ojalá que me la encuentre a ella entre tantas flores,
Ojalá que se llame Amapola, 
que me coja la mano y me diga que sola
no comprende la vida, no,
y que me pida "más, más, más, más, dame más." 
Y que me pida...

Es capaz de nadar en el mar más profundo;
igual que un superhéroe, de salvar al mundo. 
Donde rompen las olas salva una caracola. 

Ojalá que me despierte y no busque razones, 
Ojalá que empezara de cero, 
y poderle decir que he pasado la vida 
sin saber que la espero, no,
y sin que me pida "más, más, más, más, dame más." 

Sin que me pida.

Si te vas 
me quedo en esta calle sin salida,

sin salida. 
Que este bar 
está cansado ya de despedidas,

de despedidas. 

Como un extraterrestre se posa en el suelo 
y me ofrece regalos que trae de otros cielos. 
Le regalo una piedra recuerdo de la Tierra. 

Me pregunta por qué el hombre inventó la guerra. 
Y en silencio pregunta aún de cosas más serias. 
Yo me pongo palote sólo con que me toque. 

"¿Dónde vamos tan deprisa?" 
me pregunta su sonrisa. 
Si tú quieres, tengo el plan:
Caminar, salga que salga el sol, 
por donde salga el sol, 
que no me da,

y llegar hasta tu corazón, 
salga que salga el sol, 
por donde salga el sol. 

Si te vas 
me quedo en esta calle sin salida,

sin salida. 
Que este bar 
está cansado ya de despedidas,

de despedidas. 

Si he tardado y no he venido, 
es que ha habido un impedimento: 
Me llevaron detenido 
para hacer un declaramiento. 
He robado, he mentido, 
y he matado también el tiempo, 
y he buscado en lo prohibido 
por tener buenos alimentos. 

Y es que la realidad

que necesito 
se ha ido detrás

de ese culito
que delante de mi 
se paró por fin 
un día con una noche oscura, 
esperando por ver si saliera la luna. 

Déjate querer, 
dímelo otra vez, 
un día con una noche oscura, 
y esperando por ver si saliera la luna. 


Ay, luna, ay, luna, ay luna

Si te vas 
me quedo en esta calle sin salida,

sin salida. 
Que este bar 
está cansado ya de despedidas,

de despedidas. 

Quédate muy cerca de mí, 
así los dos, dulce madrugada. 
Mírame y vuelve a sonreír, 
que si no yo no comprendo nada. 

Si te vas 
me quedo en esta calle sin salida,

sin salida. 
Que este bar 
está cansado ya de despedidas,

de despedidas. 

Si te vas 
me quedo en esta calle sin salida,

sin salida. 
Que este bar 
está cansado ya de despedidas,

de despedidas.