jueves, 25 de mayo de 2017

Hoy no entiendo de nada

  Holis.
  Un cover fugaz (¿cuál no lo es?, después de todo) de una canción del grupo español Efecto Mariposa. Es lo único que conozco de ellos. Y nada, un poco de la insatisfacción que creo está bueno sentir, así nos damos cuenta y apostamos a curar sus causas...
  Muchas gracias por leer, mirar y escuchar.



domingo, 21 de mayo de 2017

Acto VII de una Nohistoria de Amor en 21 Actos

  Su primer nobeso fue un agosto. Algo había fallado en sus cálculos y una lata cayó de la góndola. Eso no habría sido problema, pues se resuelve con una mirada rápida a los costados y ya, pero con esa lata empezaron a caer las lindantes, y luego las lindantes de las lindantes, y todo tan rápido. Pero vaya suerte la de nuestro noprotagonista, que empujado por el ya impaciente Destino, justo pasaba por ahí. Se acercó con la velocidad necesaria por la espalda de Mañanasí y extendió los brazos hacia arriba, sosteniendo las latas y a la vez encerrando a nosu chica entre el pecho y la estantería. De repente todo su tórax conocía las yermas extensiones de los homóplatos y los hombros de nuestra noprotagonista, que enseguida sintió el entusiasmo en sus latidos. Y tan cerca estaban ambas mejillas, y tan cerca quedaron sus alientos, que bien podrían haber prescindido del espacio no necesitado. Tres o cuatro centímetros de vacío mantenían fuera el romance. ¿Quién puede desear tan poco espacio, y encima tan molesto? Y el Destino cerró con fuerza los dos puños, sintiéndose testigo al fin de lo que había planeado hace tiempo. Pero nuestros noprotagonistas, superhacedores cumpulsivos del nohacer, volvieron a salirse con las suyas. Ninguno giró el mentón. Ninguno estiró el cuello. Reconciliaron la mercancía enlatada con el equilibrio y ya volvieron a sus respectivas tareas. Sus supuestas respectivas tareas, porque bien sabemos que su compromiso más urgente -con ellos mismos y con el lector y conmigo, que los aguatamos desde hace páginas- era ese beso. Y bien lo sabemos gracias al Destino, que así nos lo aseguró. Pero de aquel casicomienzo sólo quedaron dos pechos acelerados y cuatro mejillas acaloradas y dos 'la puta madre'.

lunes, 15 de mayo de 2017

Amor Posta

  Hola.
  Recién sacadito del horno sony vegas les comparto esta canción. Es algo así como un rejunte de seudoplagios a Las Pastillas del Abuelo y a Salta la Banca. Y cosas para vos también, boluda.
  En fin... Doña Florinda y el profesor Jirafales van como ejemplo paradigmático de amor posta. Angá.
  La idea de citar literalmente una canción tercera la saqué del disco "La Ley Innata" de Extremoduro. Ahí ellos se autocitan. Por supuesto que ellos no inventaron la cita musical, y ni siquiera la autocita musical, pero bueno, de ellos tomé la idea. Me pareció divertido. Todo dialogismo de Bajtin che.
  Muchas gracias por escuchar y ver y leer.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Cómo ser feliz en la tristeza

  Hay una taza de café y el aire que entra por la ventana reacomoda todo el caluroso ambiente de la casa, doblando y torsionando el vaho que salta desde la infusión hasta la… Qué vida misteriosa, ¿no? Saltar, trepar el aire, e ir haciéndose cada vez más ligero, cada vez más invisible, cada vez más vivo y lozano, en lugar de ir cansándose con cada manotazo, en lugar de ganar el férreo peso del agotamiento. Y ese olorcito. Y esa tarde sin nada que hacer. Si pudiera ser el vaho, ¿saltaría? ¿o me acurrucaría como esa espuma leve? Si pudiera. Si pudiera. Si pudiera dejar de repetir esa frase. Si pudiera hacer algo para empezar, o para terminar de una buena vez. A la espuma me la voy a tomar, y al vaho me lo voy a aspirar. Pero si una gotita lograra prenderse a una molécula de dióxido de carbono, volvería sana y salva a la atmósfera, mis pulmones la rechazarían. Lo que va a la boca, en cambio… Y esa tarde sin nada que hacer, perfecta para dejarla así, vacía, amorfa. ¿Pero, cómo que nada que hacer? ¿Y la taza de café? Una tarde perfecta, sólo con un café y una ventana, y la certeza de que en algún momento voy a volver a ver a mi amigo. Sí, esa certeza es la que me da la tranquilidad, porque me desesperaría, me enloquecería tener que tragarme este líquido negro y amargo si supiera, si me resignara, si aceptarafatal que estoy solo, abandonado a merced de mis capacidades psicoemocionales. Me aterraría tener que abrir la puerta si supiera que no hay ahí fuera nada que pueda cultivar mi esperanza. Rezaría con vehemencia para convertirme en una estática inexistencia inconsciente de sí misma y de lo que le rodea si descubriera que las ondas de mi voz van a ir, ir, ir, y de a poco van a ceder, la densidad del aire las va a apagar, sin que hayan jugueteado en ningún oído. Pero esa persona, tan herida, tan maltratada por esa boleadora que nos destroza los tobillos y nos hace caer tan absurdamente, como en blooper de televisión, como niño en jardín de infantes, que es la ignorancia, no quiere ser libre, sino ser liberada, y que le abran la puerta de la jaula pero le mantengan la correa al cuello. Miedo al cactus aquel, miedo a la sombra esa que se mueve, miedo a que la puerta se cierre, miedo a quedar paralizado por el miedo, miedo al púrpura, miedo al viento entusiasta, miedo a esa silueta que se acerca. Lo que siento entre los dientes, entre los labios, es lo que me hace resistir todo esto. Alguna vez un beso. Pero no es la parte del beso lo que enciende el alma, lo que desempolva esos ejemplares de poesía que se estancaron entre las costillas. Es la parte del otro, la parte de ser besado. Sí, besar tiene su diversión y todo eso, y un beso puede ser un buen recuerdo o una buena anécdota, pero es el ser besado lo que buscan. Bah, lo que busco. Bah, lo que busco a veces. Que alguien quiera meterse ahí, cuna de ofensas y de estupideces lacerantes, ha de ser la prueba más fehaciente que puedo conseguir de que no estoy solo. Y cuando uno está solo, busca desesperadamente esas pruebas. Siempre hay que convencerse de lo que quisiéramos. Siempre hay que comprobar que las pruebas estaban equivocadas, y volver a empezar. Pero empezar lo que queremos, lo que creemos que queremos, no otra vez eso, lo que nos salió a las apuradas, a la tontera. Y acá está el comienzo, en este café.

[Febrero 2017]

domingo, 7 de mayo de 2017

Una Cerveza

  Hola.
  Nada, acá una canción que subo más por tontear que por otra cosa. Así que si quieren escuchar música con contenido un poco más interesante, pueden buscar a Pedro Pastor o a Salta La Banca o a Silvio Rodríguez o De La Gran Piñata o a Calle 13 o etcétera.

domingo, 30 de abril de 2017

Víctor, Nicole, las armas

  Estaba tirado en el suelo, con la espalda cayéndose, aplastando los talones de sus manos contra el pasto para sostenerse. Abajo y alrededor de él, una plaza. Miraba hacia el otro lado de la calle, y sabía que no podía culparla. Se había lanzado de regreso sin mirar hacia los costados. Un bocinazo le hizo caer una manzana. Una manzana caída le hizo soltar una risa. Y a Víctor también, además de una mordida de labios. Pero no, no era su culpa. Él tampoco había notado el coche. Se quedó mirándole los caminos, los vientos, y cuando su atención iba por la segunda constelación, el bocinazo. A él también casi lo chocan, así que no la iba a reprimir. Pero, sin autoridad, le iba a decir que tuviera cuidado igual. Ella llegó al pasto y le dejó a la manzana construir un lazo entre ellos, atravesando el aire. Pronto él se la llevó a la boca y de alguna manera ese dulzor era Nicole.
  ―Cómo está el calor, ¿no?, me dice el verdulero cuando entro.
  Víctor la miraba y masticaba.
  ―A veces me sorprende el talento que tiene la gente para evitar conocerse, para evitar hablar de verdad. Porque, si lo analizás, la cantidad de estrategias que emplea es mínima, pero, dios, la repite y la repite, la repite y la repite.
  ―Convengamos que comprar dos manzanas lleva ¿cuánto? ¿Treinta segundos? Es algo breve la porción de tiempo como para poder conocer a alguien.
  En ese momento, Víctor se dio cuenta: había días en que él era Nicole, y Nicole era Víctor. Había momentos. Y menos mal que los había.
  ―Sí, para conocer a alguien sí, pero para conocer algo de alguien no. Podría contarme que le encanta la parte en la que Peteco Carabajal dice que al hombre le espanta ser uno más en el aire, o que una vez fue a Victoria y se quedó toda la tarde mirando la toma de agua, o que se le acaba el aire re rápido cuando le hacen cosquillas. Cualquier cosa más importante que esa aburrida desesperación del hace calor. Y es extraño, porque se nota, el hecho de abrir la boca demuestra un interés real, la búsqueda de comunicación; desde lo más escondido de nosotros, la prueba de que necesitamos al otro. Sin embargo, saboteamos ese deseo y esa necesidad hablando del calor, de qué nos vamos a poner esta noche cuando salgamos, del accidente múltiple en la Ruta 7, de que las acciones de Kraft Foods bajaron un 8%, de que la perrita de doña Rosa anda con cólicos.
  Víctor empezó a hacerse lucesita cantora.
  ―Lo de los cólicos de la perrita de doña Rosa te lo contó la de la panadería, ¿cierto?
  ―Sí, ella ―y brilló Nicole también un poquito―. Pero, ¿por qué somos así? ¿Por qué adentro tan necesitados y afuera tan asustados?
  ―Primero salvemos al pobre verdulero. Andá a saber si realmente está asustado.
  ―Es que no es culpable del miedo. Todavía no sabe que está asustado.
  ―Repito, no sabemos si está asustado. También podría ser simplemente inercia de comportamiento social, sentir que tiene que comentar algo, que tiene que decir algo más a su cliente que el precio y el vuelto. Un mostrar amabilidad con cierto tinte de simpatía, ¿entendés?
  ―¿Eso le enseñaron en la Facultad de Pequeños Comerciantes de Pueblo de la Universidad Nacional del Nordeste?
  ―Eso es medio fascista, pero te perdono, Nicole, y no te voy a acusar con el INADI ―y ella escondió las pupilas y él volvió a comprobar eso que siempre le tiraba en la cara, que lo sacaba de quién sabe dónde, que lo llevaba siempre consigo, que lo inventaba ahí, en el instante―. Y bueno, esa es una opción. También hay días en que, vos lo sabrás muy bien, no tengo nada que explicarte, uno no tiene ganas de conocer a nadie. Acabás de conocerte un poquito más a vos, o qué se yo qué te pasó, y con eso tenés suficiente ya.
  Le había dado sólo dos mordidas a su manzana hasta entonces. La pulpa se estaba arropando lentamente de óxido, se notaba, y ella se distrajo unos momentos viendo la moldura de los dientes de Víctor en ella.
  ―Y si el miedo está, supongo que es por dos factores. No sé cuál va primero o cuál es más grande, pero uno es la pereza: conocer a alguien o algo es como cualquier disciplina física o artística o científica, o sea, hay que invertir tiempo y esfuerzo. Conocer de verdad a alguien es casi una actividad profesional, si te ponés a pensar. Una carga horaria enorme, compromisos, prestar atención, bla bla. ¿Cuánta gente se dedica profesionalmente a una disciplina sin que le paguen? En efectivo, o por transacción bancaria. Un abrazo o una tarde risa no cuenta como pago a veces. O a personas.
  Nicole quería decirle que en el concepto de profesional se inmiscuía necesariamente el realizar la actividad a cambio de remuneración económica, pero Víctor era tierno cuando pensaba, lo dejo seguir libremente.
  ―Y el otro factor lo cantan las pastillas: tengo miedo a equivocarme, a sufrir, ser lastimado. Conocer a alguien es recibirlo, abrirle las puertas de vos mismo. Conocer es dejarse conocer. Y, bueno, en realidad creo que te conozco sólo a vos y a mí, y ponele que a Montag y a Charlie y a Ángelo y algún que otro personaje literario, pero creo, me arriesgo a soltar la hipótesis de que la mayoría de las personas somos bastante débiles, tenemos inseguridades y miserias y vulnerabilidades que preferiríamos no compartir, porque pueden ser armas contra nosotros mismos. Uno no le da esas armas a cualquiera. A veces, uno no se las da a nadie.
  ―Tengo muchas armas tuyas ―ostentó Nicole.
  ―Te las daría dos veces si pudiera ―la enterneció Víctor.
  ―¿Y hay alguna que todavía no me hayas dado?
  ―Ah. Hay cosas que se preguntan en silencio, Nicole.
  ―Vos también tenés muchas armas mías.
  ―Sí.
  Ella mordió la fruta por primera vez, y se quedaron mirando la calle, esa porción de concreto donde un auto le había gritado hacía algunos minutos.
  ―Igual, más que si las usaras en mi contra, lo que me dolería de verdad sería que me las devolvieras.

jueves, 27 de abril de 2017

CITA#6 - (Sonrisa), por De La Gran Piñata

Una noche
en las calles de Lomas,
sin puntos ni comas le dio por hablar.
Su lunar. su iglesia y su candombe
no aclaraban a dónde apuntaba el pulgar.
Y era linda,
por dios que era linda,
si patinaba y seguía siendo linda...
No cantaba muy bien
y no andaba mejor,
pero sonreía y era la más linda.

Y salimos a quemar las veredas,
a enroscarnos en seda,
Biblia y calefón;
a salvar al país... ¡No!
¿Qué digo al país...
si salvamos al mundo?

¡Salvamos al mundo!
Salvamos al mundo esa noche.
¡Salvamos al mundo!

Y cuánto más, cuánto más salvamos...
Y cuánto más...

Las pasiones que dan escalofríos
son aquellas que no se mezclan con el agua.
Si ella supo decir
yo no pude escuchar:
si el amor no se da
esto es democracia.

Y salimos a quemar las veredas,
a enroscarnos en seda,
Biblia y calefón;
a salvar al país... ¡No!
¿Qué digo al país...
si salvamos al mundo?

¡Salvamos al mundo!
Salvamos al mundo esa noche.
¡Salvamos al mundo!

Yo viviendo en un pasado con ella
y ella viviendo en un futuro sin mí.
Fantasmas de colores que hacen
cláusulas de amores
y despiertan amotinados.

Yo viviendo en un pasado con ella
y ella viviendo en un futuro sin mí.
Fantasmas de colores que hacen
cláusulas de amores
y despiertan amotinados.